Incendiario
El paisaje castellano ha sido históricamente observado y convertido en imagen. Horizonte, materia, austeridad y silencio. Ese mismo paisaje es hoy también una superficie vulnerable, atravesada por la crisis climática, el abandono rural y la posibilidad siempre latente del fuego.
El proyecto comienza con un acercamiento al territorio, caminar, observar, fotografiar y reducir el paisaje a sus líneas esenciales, a sus ritmos, planos y silencios. A partir de ese trabajo, las imágenes se trasladan a planchas de acero inoxidable. Allí, el óleo es sustituido por la llama. El calor altera la superficie del metal y provoca una reacción química de tornasolado: aparecen veladuras, brillos, manchas y variaciones cromáticas.
La imagen no se impone: sucede. Una negociación entre intención y azar, entre el control del gesto y la autonomía del material. La llama actúa como herramienta y como amenaza, no solo daña, también revela. En ese proceso, el fuego deja de ser únicamente una fuerza de destrucción para convertirse en una forma ambigua de aparición.

